jueves, 30 de enero de 2014

martes, 14 de enero de 2014

'Harriet', de Elizabeth Jenkins, o el horror en las pequeñas cosas

Harriet, de Elizabeth Jenkins (traducción de Catalina Martínez Muñoz), es un nuevo título de la colección “Rara Avis” de Alba Editorial. Publicado en 1934, noveliza un suceso real que conmocionó a la sociedad victoriana en 1877, el llamado “Misterio de Penge”.

Nuestra protagonista, Harriet, es una mujer de treinta y dos años, soltera, adinerada, y con un importante retraso mental. A pesar de ello, y gracias a las atenciones de su familia, se desenvuelve bastante bien: se viste con gusto, es aseada, y de vez en cuando, pasa algunas temporadas alojada en casa de sus parientes más pobres. Es en una de estas visitas donde conocerá al guapo —y pobre— Lewis Osman, que acabará pidiéndole matrimonio. A pesar de la activa oposición de la madre, la boda terminará por celebrarse. Y lo que empieza casi como una novela de Jane Austen, pronto se convierte en un relato espeluznante. Harriet quedará a merced de su marido, del hermano de éste, Patrick, de su cuñada Elizabeth y su amante Alice (ambas son hermanas), que urden una trama para apoderarse de su fortuna.

Toda la narración está impregnada de un terror silencioso, que reside en las cosas pequeñas y casi insignificantes, en la apariencia de cotidianidad con la que la autora va desgranando unos sucesos terribles. Esa sensación de “normalidad” que manifiestan todo el tiempo los cuatro conspiradores, a pesar de la crueldad de sus actos, es tal vez lo que produce más angustia. Sin embargo, Jenkins no se limita a pintar un cuadro truculento, sino que nos sitúa en una posición ambigua: nos hace partícipes de la pobreza de Patrick y Elizabeth —y de sus hijos—, de las diferentes expectativas de Alice, joven y encantadora, en contraposición a Harriet, poco inteligente, de humor variable, difícil, algo antipática. ¿Qué pueden hacer para superar su situación? Muy poco. ¿Por qué esa mujer lo tiene todo, y ellos nada? No hay ninguna justificación del crimen, por supuesto, pero sí vemos con claridad la parte más  “humana”  de los malvados: aman, sueñan y se preocupan por los suyos. No entienden que estén haciendo, en realidad, nada malo. No son fríos, ni calculadores, sólo mezquinos, y profundamente miserables.

Harriet es una novela de personajes. Todos, principales y secundarios, están minuciosamente desarrollados, pero me gustaría destacar los femeninos, sobretodo porque Jenkins no oculta su sexualidad: Elizabeth y Alice desean a sus hombres, e incluso Harriet llegará a tener un hijo fruto del desdichado matrimonio. Pero también es una excelente narración de misterio, y la trama está bien construida, tanto en el desarrollo de la conspiración como en su resolución final. Nada tiene que envidiar en ese aspecto a las mejores obras de Wilkie Collins, por ejemplo, o de Agatha Christie.

Esta novela, un gran éxito de ventas en su época, ganó el premio “Femina Vie Heureuse”, imponiéndose a Evelyn Waugh y Un puñado de polvo. La edición de Alba Editorial incluye el epílogo de Rachel Cook en el que explica el caso real, y que aporta importantes matices sobre la narración de Jenkins. Al menos, después de la angustia sufrida, al lector le queda la opción de decidir con qué versión se queda.